La Más Sencilla es (casi) Siempre la Respuesta Correcta

La semana pasada hablaba sobre esa necesidad que tenemos como humanos de racionalizarlo todo.  De darle a todo una explicación.

Yo creo que esta necesidad es el motivo por el que siempre propendemos a complicarnos la vida, al menos en cuanto lo que a elucubraciones se refiere.

Elucubrar entendido como la segunda acepción de la RAE que es:

Imaginar sin mucho fundamento.

Cuando no tenemos contestación a algo nos ponemos a imaginar posibles respuestas y por qués para dar razonamiento al caso en cuestión.  No podemos esperar a conocer la respuesta.

Empezamos a pensar, a producir razonamientos creíbles (al menos para nosotros mismos) sobre qué es lo que puede estar pasando.

Además, cuanto más tiempo tengamos para pensar sobre el tema, más ideas y más por qués totalmente «admisibles» se nos vienen a la cabeza.

Y si estamos con otras personas que también les gusta eso de elucubrar… el nivel de ebullición de nuevas y cada vez más sorprendentes ideas crece como la espuma.

 

El Chiste del Gato

¿Conoces el chiste del gato?  Es este.

Un hombre se queda tirado en la carretera por un pinchazo en una rueda a media noche…

Se acerca a una casa con luz que ve a lo lejos para pedir un “gato” para poder cambiar la rueda.  Algo lógico ¿no? ayudar a alguien en apuros.

A medida que se acerca a la casa empieza a elucubrar que quizá el dueño de la casa no va a estar de humor para atenderle… o que quizá no tiene gato… o que puede tener gato pero no querer dejárselo.

Se da cuenta de que es probable que esté dormido y que se enfade al ser despertado en mitad de la noche… e incluso le insulte.

Mientras sigue caminando, el conductor del coche empieza a enfadarse y a recrear en su cabeza la discusión hipotética que tendría con el dueño de la casa, y lo que le respondería en caso de que efectivamente le abriera la puerta de mala gana y no le dejase el gato…

Tanto se enfada de pensarlo que cuando llega a la casa y el dueño de la casa abre la puerta, antes de que pueda decir nada, el conductor le dice:

– ¿Sabes qué te digo? ¡¡Que te metas el “gato” por donde te quepa!!”

Hay gente malpensada por naturaleza.  Mucha más de la que pueda parecer.

Hay personas que les encanta elucubrar situaciones lo más morbosas y rocambolescas posibles.

Personas que se deleitan fantaseando las peores situaciones imaginables.

Son gente muy tóxica de la que hay que huir como de la peste.  En unas pocas semanas hablaré más detenidamente sobre la gente tóxica.  Bufff, ¡qué lastre son!

 

Y la Respuesta Correcta es…

A partir de ahora fíjate, si no lo haces ya, en que la respuesta más sencilla de todas las que has elucubrado suele ser la correcta.

Si fallas en la sencillez de la respuesta que has elucubrado, posiblemente sea porque la respuesta correcta sea aún más simple de la que habías pensado.

La vida es sencilla.  Nacemos, crecemos, nos reproducimos y morimos.

Somos afortunados, como especie, de tener la capacidad de raciocinio.  Una capacidad que nos ha traído hasta donde estamos y nos llevará a lugares completamente insospechados.

Utilicemos esta maravillosa capacidad para crecer y avanzar.  No para estancarnos.

Como empresarios y dueños de negocios, tenemos que impedir a nuestros clientes que hagan lo mismo que el hombre del chiste del gato.  Es nocivo para nosotros.

No podemos permitirnos que piensen mal de nuestra empresa, de nuestro producto, de nuestro servicio.

Posiblemente no sea cierto.  Pero nuestro maravilloso cerebro emocional-racional asume igual la realidad que lo que imaginamos.

Así que es conveniente no hacer imaginar a nuestros clientes cosas que no sean reales.

Todo esto se soluciona con información rápida, clara y precisa.  Informando de tu respuesta que (casi) siempre será la más sencilla.

 

Un saludo y ¡qué tengas una gran semana!

Luis


 

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