¿Por Qué? ¿Por Qué? ¿Por Qué?

¿Por qué tanto por qué?

¿Por qué tenemos que racionalizarlo todo?

¿Por qué tenemos que dar a todo un sentido y una justificación?

Lo hago simplemente porque sí, porque me lo dice mi instinto, porque me lo dicen las entrañas.

¿Por qué todo tiene que tener un por qué?

¿Todo tiene que tener un por qué? Yo creo que no.

Debemos volver a dar rienda suelta a nuestras emociones y dejarnos llevar por nuestra intuición.

Todas esas personas que siempre ponemos de ejemplo, son personas muy intuitivas y se han fiado de su intuición.  Siempre han confiado en sí mismos.

Es también cierto que estas personas de éxito siempre han sabido escuchar a los demás y valorar los consejos que les han dado.

Lógicamente tenemos que asesorarnos, informarnos porque no podemos saber todo de todo. Y tenemos que aceptar cuando estamos equivocados.  Pero aunque todos nos aconsejen lo contrario, si nuestra intuición nos dice algo distinto, mi recomendación es seguir nuestra corazonada.

Yo así lo hago.  Y por supuesto me he equivocado en ocasiones. Pero valorando unas y otras, estoy contento con el resultado final.

No soy de los que dicen que no cambiaría ninguna decisión de mi vida.  Eso es ser demasiado arrogante (algo que se suele curar con los años y, parafraseando a «El Cordobés», con las cornadas que da el hambre.)

Sí, claro que sí.  Cambiaría cosas.  Empezando por las que me he equivocado.  Y de todas esas las primeras serían las que me he equivocado por no hacer caso a mi instinto.

 

Decisiones Emocionales

Tuve que decidir en menos de 48 horas si quería venir a Malabo (Guinea Ecuatorial) a dar un curso.

Esta decisión no pude meditarla mucho.  Por el momento no me arrepiento en absoluto.

Sí, me he tenido que separar de mi familia durante varios meses.  Pero ante mi se abría una experiencia que, supongo, pocas veces se me volverá a presentar.

También he tenido que rechazar dos ofertas para realizar en Madrid durante esos meses que «me moría por hacer».  Ya sabes que lo malo de tener que decidir es tener que decir a algo que no.  Al menos temporalmente.

(Obviamente no soy ejemplo de nada ni para nadie.  Únicamente expongo mi caso.)

No me he preguntado ni me preguntaré nunca ¿por qué se me ha presentado esta oportunidad?

Para mi es una oportunidad porque estoy aprendiendo muchas cosas a una velocidad que hacía años no aprendía.

Aunque nunca he dejado de aprender cosas nuevas, es cierto que en Madrid ya estaba ralentizando mi aprendizaje.

Había entrado en una espiral de búsqueda de nuevos conocimientos que, sí, me llenaban, pero le faltaba la chispa de lo novedoso.

Mi intuición me decía que tenía que aceptar.  Y así lo hice.  Por el momento estoy muy contento con mi decisión.  Cuando termine el proyecto ya haré una valoración final.

 

Si te Equivocas, Sigue Adelante

Seguro que alguna vez te equivocarás, como nos pasa a todos.

Es malo equivocarse, claro que sí.  A nadie nos gusta.  Pero es mejor equivocarte que dudar y detenerte.

Seguro que nos equivocamos más por pensar en el por qué de las cosas, que haciendo caso a nuestro instinto.  

¡Fíate de ti!

No seas pesimista.

No sé como será en otras partes del mundo, pero en España hay una corriente de pensamiento que parece que ser pesimista mola.

¡Son unos cenizos!

Todos conocemos cenizos.  Esos que pase lo que pase siempre dicen que ellos van a tener mala suerte.

¡Pues claro! ¿Cómo no vas a tener mala suerte si estás siempre pensando que te van a pasar cosas malas?

El problema de tener un cenizo cerca es que la mala suerte es contagiosa.

Cuesta mucho tener y mantener un talante optimista y alegre cuando las cosas se ponen cuesta arriba como para tener que estar cargando también con un cenizo.

Así que no pienses por qué y di que sí.  ¡Lanzate!  Que como dijo Richard Brandson, ya aprenderás a hacerlo después.

P.D.:  Y ahora empiezan con el ¿para qué?  Vamos a volver a empezar de nuevo…

 

Un saludo y ¡qué tengas una gran semana!

Luis


 

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