Esfuerzo Inteligente

Hace tiempo te comentaba que muchos empresarios y profesionales independientes no realizan el esfuerzo necesario para sacar su negocio adelante.

Y este esfuerzo no es simplemente hacer más horas de trabajo.  No.

Este esfuerzo es aprender y hacer cosas que no sabemos para poder conseguir ese gran sueño por el que creamos nuestras empresas.

Robert Kiyosaki es uno de los grandes gurús a nivel mundial sobre educación financiera.  Ha escrito varios libros, pero el que le llevó a la cima (de la que no se ha bajado) es Padre rico, Padre pobre.

Y Kiyosaki siempre cuenta que la historia que le hizo cambiar los paradigmas y la mentalidad se la narró un padre rico.  Y es esta:

(En cursiva la historia que he leído de Robert Kiyosaki.  La letra normal es texto mío.)

Lee con Atención

Imagina un pueblo desértico.  En el que sus habitantes tienen que ir todos los días a por agua al lago más cercano, que está a cinco kilómetros.

Hasta que el alcalde del pueblecito se harta de ver a sus vecinos atareados con el ir y venir a por el agua, y decide crear una contrata para que algún vecino sea el encargado de traer agua para todo el pueblo.

Abre un concurso público y se presentan dos vecinos.  Juan y Alberto (supongo que a Kiyosaki se lo contarían con nombres hawaianos, pero en este caso me tomo la libertad de españolizar 🙂 ).

Ante esta situación el alcalde opta por dar la concesión a los dos y al final de los X años que dure la concesión, valorará quien es el más rentable y que mejor servicio a dado y le dará la concesión en exclusiva.

Así que Juan, decidido emprendedor (basado en el esfuerzo sacrificio) coge una cubeta y se va al lago a por agua.  Realiza tantos viajes como son necesarios para llenar el pilón del pueblo.

A todo esto Alberto desaparece.

Y Juan, con sus ingresos llegando a su bolsillo, piensa que si lleva dos cubetas en vez de una en cada viaje podrá realizar el trabajo en la mitad del tiempo.

Así que con esto y alentado por la falta de competencia, Juan se relaja. Piensa que tiene la vida resuelta. ¡Qué vida tan feliz!

Pero al cabo de los meses aparece Alberto. Y dice que está construyendo un conducto para traer el agua al pueblo sin necesidad de tener que ir a por ella.

Agua fresca todos los días de la semana y a cualquier hora.  Y además un 75% más barata.  No sólo los días de diario y hasta las 5 de la tarde, que por la noche ya se ha estancado y sabe un poco mal.  Como tenían hasta ahora con Juan.

Alberto había ido a estudiar qué alternativas hay para transportar el agua desde el lago hasta el pueblo.  Una vez elegida la mejor, elaboró un plan estratégico, busco inversores que le financiasen, ingenieros que realizasen los trabajos y puso en marcha una empresa con vocación de empresa.

Alberto también es un decidido emprendedor, como Juan, pero Alberto se basa en el esfuerzo inteligente.  A partir de aquí puedes ir imaginando como termina la historia.

Obviamente, el alcalde está encantado con la nueva alterativa.

Así que Juan reacciona.  Lo primero que hace es bajar su precio un 75%. Además amplia su horario hasta las 10 de la noche y los sábados.  

En vez de 2 cubetas cree que puede llevar 4 en cada viaje.

Con el paso del tiempo, Juan tiene pedir a sus hijos que le ayuden.  Hasta que estos se van a la Universidad y necesita contratar a otras personas para que hagan el trabajo de sus hijos.

Esto conlleva incrementos salariales, seguros sociales, etc., etc.

Y por supuesto, nada de volver a soñar con su ansiada jubilación.

Por su parte Alberto buscó nueva maquinaria que le diese mayor capacidad de producción.

Pero no sólo hizo eso.  Se dio cuenta que podría replicar el sistema de canalización de agua para otros pueblos de la zona, por lo que su negocio crecería exponencialmente.

Y además, como el sistema y los procesos ya están validados y son correctos, Alberto puede estar en una playa en Bali durante las seis semanas que dura la construcción de la canalización.

Porque de la construcción se encargan los ingenieros y el jefe de proyecto.

Esfuerzo inteligente

¿Con qué sistema de trabajo te quedas, con el de Juan o con el de Alberto?

El de Juan te da ingresos inmediatos, tiene mucho esfuerzo físico/sacrificio y te permite mantenerte en tu zona de confort, pero te tiene atrapado para toda la vida (y nada de pensar en Bali durante seis semanas).

O el de Alberto.  Que los ingresos son a medio-largo plazo, que tiene un esfuerzo inteligente de buscar cuál es la mejor manera de hacerlo y buscar a gente que te apoye.

Que puedes empezar por el sistema de Juan y poco a poco ir desarrollando el sistema de Alberto, mejor todavía.  Eso es la cuadratura del círculo.

 

Un saludo y ¡qué tengas una fantástica semana!

Luis

 

Photo by George Hiles on Unsplash


 

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Plan Estratégico: Hacer las Cosas

Esta semana vuelvo a traer al blog a Herb Kelleher, uno de los empresarios de los que más se puede aprender.

Sus consejos destilan conocimiento y sentido común.

Fue quien ideo el modelo de compañía aérea low cost. Southwest Airlines es una de las compañías mejor valoradas por los clientes.

Es un ejemplo de que ser barato no implica inevitablemente ser cutre y malo.

Si tu modelo de negocio es dar un servicio barato es perfecto pero cumple con lo que prometes a tus clientes y lo que hagas hazlo muy bien. No te escudes en que eres barato para dar un mal servicio o entregar un mal producto.

Esto me lleva al plan estratégico de Southwest Airlines, que es el título de este artículo:

 

Haz Las Cosas

Hagamos lo que nos hemos propuesto hacer.

Demos a nuestros clientes el servicio o producto que le hemos prometido.

Sólo cada uno de nosotros tenemos la idea en nuestra cabeza de la empresa que queremos tener. Los demás únicamente podrán hacerse una idea aproximada de lo que buscamos.  Siempre faltan las palabras adecuadas que para hacerles partícipes de nuestra visión.

No es un problema de palabras.  Simplemente cada uno tenemos nuestro punto de vista y es difícil ponernos en la piel del otro.

La única manera de hacerlo ver a los demás es demostrándoselo.

 

Luchemos por Nuestros Sueños

Lucha por esa empresa que tienes en la cabeza. Si crees que tu servicio o producto es bueno sigue adelante.

Pide consejos, sí.  Sopésalos y valóralos antes de aplicarlos.  Pero no los sigas a pies juntillas, por mucho respeto y admiración que tengas por el consejero.  Analiza si ese consejo es bueno para ti… o si es mejor una transformación de esa sugerencia.. o si simplemente piensas que no lo puedes aplicar.

Esta última frase no es una vía abierta al engreimiento y la arrogancia.  Tenemos que ser humildes (siempre) al valorar el consejo.

La mayoría de consejos que recibimos son de los que no nos gustan, porque son para corregir lo que estamos haciendo mal.

Nos han dado el consejo con la mejor intención. Ese consejo es bueno para el emisor, pero no tienen por qué funcionar igual de bien a los demás.

 

Promesas a los Clientes

Y para terminar vuelvo con las promesas a los clientes.

Si no podemos dar al cliente lo que le hemos prometido lo mejor es decírselo.

Cualquier cosa antes de hacerle sentirse engañado.

Los negocios se basan en la confianza. Que cuesta mucho ganar y muy poco perder, por ejemplo haciendo a un cliente sentirse estúpido.

Ya sabes que yo no soy de grandes planificaciones que con el transcurso de los meses cada vez son más difíciles de cumplir.

Sí soy de establecer metas y luchar hasta conseguirlas.

Una meta es ese fantástico servicio o producto que has imaginado.

Ya conoces el plan estratégico: haz las cosas hasta conseguirlo.

 

Un saludo y ¡qué tengas una gran semana!

Luis


 

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